Docente de la UCV señala que las anomalías hidrometeorológicas observadas en la región y cambios en el ecosistema marino peruano deben impulsar medidas preventivas. Plantea reforzar drenajes, infraestructura crítica, seguridad hídrica y sistemas de alerta temprana.
Ante las anomalías hidrometeorológicas registradas en distintos puntos de América Latina y determinadas señales observadas en el mar peruano, especialistas plantean fortalecer las medidas de prevención frente a un eventual escenario climático de gran magnitud.
Paolo Amaya Alvarado, docente del programa SUBE de la Universidad César Vallejo (UCV), campus Trujillo, sostuvo que el país debe reducir su dependencia de las acciones posteriores a las emergencias y destinar mayores esfuerzos a la inversión preventiva.
El especialista considera que las señales actuales representan una oportunidad para reducir vulnerabilidades antes de enfrentar un eventual fenómeno de mayor intensidad.
Advierten sobre riesgos en cadena
Amaya explicó que eventos registrados en la región, como variaciones hidráulicas en la cuenca del Iguazú, alteraciones climáticas en Colombia y anomalías en la temperatura del Pacífico, deben analizarse dentro de un contexto más amplio de gestión del riesgo.
“El verdadero problema no es únicamente cuánto puede llover, sino dónde estamos construyendo y qué tan preparados están nuestros servicios esenciales”, señaló.
Según explicó, la activación de una quebrada puede generar consecuencias sucesivas: destruir carreteras, interrumpir el abastecimiento de alimentos y medicamentos, afectar los sistemas de agua potable y favorecer la aparición de vectores de enfermedades.
Plantean invertir antes de reconstruir
El docente de la UCV sostuvo que las inversiones destinadas a mejorar drenajes pluviales, proteger infraestructura crítica y ordenar el territorio mantienen su utilidad incluso si un eventual fenómeno climático resulta menos intenso de lo proyectado.
Estas obras, indicó, permitirían disminuir vulnerabilidades y convertirse en infraestructura permanente para las ciudades.
El planteamiento apunta a cambiar el enfoque tradicional de destinar grandes recursos a la reconstrucción después de los desastres por uno basado en reducir previamente los riesgos.
Cinco prioridades frente a un eventual Mega Niño
Amaya planteó cinco áreas que deberían ser articuladas entre el Ejecutivo, gobiernos regionales y municipalidades: ordenamiento territorial y reducción de la exposición, infraestructura resiliente, seguridad alimentaria e hídrica, seguridad sanitaria, y ciencia y sistemas de alerta temprana.
“Trabajar con probabilidades es el corazón de la gestión del riesgo. Si el Mega Niño no alcanza la magnitud temida, habremos ganado ciudades con mejores drenajes, cuencas protegidas, infraestructura más segura y comunidades organizadas”, concluyó.










