Sin duda lo tenía planeado. Alan García dejó una carta antes de suicidarse en su vivienda minutos antes de ser detenido por las autoridades peruanas en el marco de las investigaciones por el caso Odebrecht.

Esta líneas fueron leídas durante el homenaje de despedida al expresidente, en el Aula Magna de la Casa del Pueblo, por su hija Luciana García Nores.

La carta

“Cumplí con la misión de conducir el aprismo al poder en dos ocasiones e impulsamos su fuerza social. Creo que esa fue la misión de mi existencia teniendo raíces en la sangre de ese movimiento. Por eso, y por los contratiempos del poder, nuestros adversarios optaron por la estrategia de criminalizarme por más de 30 años, pero jamás encontraron nada y los derroté nuevamente porque nunca encontrarán más que sus frustraciones y especulaciones”, señala la misiva.

“En este tiempo de rumores y odios repetidos que las mayorías creen verdad, he visto cómo se utilizan los procedimientos para humillar y no para encontrar verdades. Por muchos años me situé por sobre los insultos, me defendí y el homenaje de mis enemigos era que Alan García era suficientemente inteligente como para que ellos no pudieran probar sus calumnias”, añade.

“No hubo ni habrá cuentas, ni sobornos, ni riquezas. La historia tiene más valor que cualquier riqueza material. Nunca podría haber precio suficiente para quebrar mi orgullo de aprista y de peruano. Por eso repetí: ‘otros se venden, yo no’. Cumplido mi deber en la política y en las obras hechas en favor del pueblo, alcanzadas las metas que otros gobiernos y países no han logrado, no tengo porque aceptar vejámenes. He visto a otros desfilar esposados, guardándose su miserable existencia, pero Alan García no tiene por qué sufrir esas injusticias y circos”, continúa la carta. 

“Por eso les dejo a mis hijos la dignidad de mis decisiones y a mis compañeros una señal de orgullo y mi cadáver como una muestra de mi desprecio hacia mis adversarios porque ya cumplí la misión que me impuse. Que Dios, ante quien voy con dignidad, proteja a los de buen corazón y a los más humildes”, finaliza.