En febrero de este año, la Municipalidad Distrital de La Esperanza anunció con entusiasmo la categorización del Cerro Cabras como recurso turístico natural, destacando que este reconocimiento permitiría impulsar el desarrollo turístico, comercial y social del distrito. Incluso la gestión del alcalde Wilmer Sánchez proyectó la futura construcción de un mirador turístico como parte de la puesta en valor de este importante espacio natural.
Según la propia municipalidad, este logro fue alcanzado gracias al esfuerzo institucional y al objetivo de proteger la riqueza natural, histórica y cultural de La Esperanza. Sin embargo, mientras el discurso oficial habla de turismo, conservación y desarrollo, la realidad del Cerro Cabras sigue generando serios cuestionamientos.

A pocos metros de uno de los recursos turísticos más importantes del distrito persisten criaderos de animales que generan malos olores y contaminación. A ello se suman ocupaciones informales e invasiones que continúan avanzando sobre sectores cercanos al cerro, afectando el paisaje y comprometiendo la conservación del entorno.
La situación se vuelve aún más preocupante debido a denuncias ciudadanas sobre presuntas intervenciones realizadas en áreas del cerro, donde se habrían efectuado excavaciones y alteraciones del terreno. Para vecinos de la zona, resulta contradictorio hablar de protección ambiental mientras continúan registrándose hechos que afectan directamente la integridad del recurso natural.
Lo más llamativo es que la categorización turística ya fue obtenida este año. Es decir, el reconocimiento oficial ya existe. Por ello, diversos ciudadanos se preguntan cuál es el verdadero sentido de continuar promoviendo ceremonias, actos protocolares y anuncios cuando los problemas estructurales del Cerro Cabras permanecen prácticamente intactos.
La categorización no es un premio decorativo. Su finalidad es convertir al recurso turístico en un espacio protegido, ordenado y sostenible. Sin embargo, hasta ahora no se conocen acciones de gran impacto destinadas a erradicar invasiones, recuperar áreas afectadas o retirar actividades que generan contaminación en el entorno del cerro.

Mientras la gestión de Wilmer Sánchez difunde imágenes de reconocimientos, anuncios y proyectos futuros, los vecinos siguen observando una realidad muy distinta: contaminación, presión urbana, ocupaciones informales y ausencia de medidas contundentes para defender uno de los patrimonios naturales más importantes de La Esperanza.
La pregunta es inevitable: ¿de qué sirve hablar de un futuro mirador turístico si el principal atractivo natural del distrito continúa enfrentando los mismos problemas que existían antes de su categorización?









