Aunque el Perú ha registrado un crecimiento económico sostenido desde los años 90, este avance no se ha traducido en mejoras estructurales del bienestar. Persisten brechas graves en salud, educación y servicios básicos, sobre todo en zonas vulnerables. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el principal obstáculo no es la falta de recursos, sino la debilidad del Estado. Entre 1990 y 2023, el Índice de Desarrollo Humano (IDH) creció un 27 %, pero el progreso se ha ralentizado desde 2018. En salud, por ejemplo, más del 93 % de los hospitales presenta una capacidad instalada insuficiente.
La Sociedad de Comercio Exterior del Perú (ComexPerú) alerta que “el Estado no ha sido capaz de transformar el crecimiento en progreso sostenible ni cerrar las brechas sociales existentes”. La baja ejecución presupuestal en sectores clave como vivienda y saneamiento —que no superaron el 75 % en 2024— pone en evidencia los cuellos de botella institucionales que limitan la acción pública. Además, la escasa legitimidad de las instituciones estatales impide que el Estado logre una intervención efectiva en la vida de los ciudadanos.
La desconexión entre el sistema político y las demandas ciudadanas agrava esta crisis de gobernabilidad. “La falta de cohesión territorial y de instituciones confiables bloquea los cambios estructurales que el país necesita”, subraya ComexPerú.









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