La crisis económica que atraviesa Bolivia, agravada por el agotamiento de sus ingresos por la exportación de gas y el fracaso de su modelo estatista, ya está teniendo efectos visibles en el sur del Perú. El economista y exparlamentario puneño Lucio Ávila Rojas advirtió que la situación boliviana ha generado un flujo creciente de comerciantes que cruzan la frontera hacia ciudades peruanas como Juliaca, Ilave y Yunguyo, en busca de estabilidad y mayor poder adquisitivo del consumidor.
“Las empresas estatales no funcionan, porque lo que es de todos es de nadie, y eso se ha demostrado a través de los años. En ninguna parte del mundo está funcionando eso”, afirmó Ávila, en alusión directa a la política de nacionalizaciones aplicada por el gobierno boliviano. A su juicio, la pérdida de ingresos tras la caída de la venta de gas a Argentina dejó al país vecino sin recursos para sostener sus programas sociales y subsidios, lo que hoy se traduce en falta de reservas, escasa producción industrial y una economía estancada.
El impacto en la región de Puno es doble. Por un lado, el ingreso de comerciantes bolivianos genera movimiento comercial, pero también acentúa los problemas de informalidad y contrabando. Esto modifica la economía local, sin reglas claras y con riesgos para el orden tributario.
Frente a este panorama, el especialista propuso mirar experiencias como las de Vietnam o Singapur, donde la apertura a la inversión privada y la industrialización fueron claves para el desarrollo. “La única manera de salir de nuestra pobreza es produciendo con la empresa privada”, señaló, y advirtió que replicar modelos estatistas en el Perú —como la estatización del cobre— podría llevarnos por el mismo camino que Bolivia.










