A fin de evitar ser apresado por orden judicial, a raíz de los contundentes indicios que lo vinculan con el cobro de millonarias coimas de Odebrecht, el expresidente y líder del APRA, Alan García, se descerrajó ayer un tiro en la cabeza y murió horas después en el Hospital Casimiro Ulloa.

A las 6:15 a.m., el fiscal Henry Amenábar Almonte, de la Fiscalía Anticorrupción, y seis policías de la División de Investigación de delitos de Alta Complejidad (Diviac) llegaron a la residencia de García, en la calle Manuel de Freyre Santander, en la urbanización El Rosedal, Miraflores.

Estaban ahí para ejecutar una detención preliminar por 10 días contra el expresidente por el caso Odebrecht, ordenada por el titular del Segundo Juzgado de Investigación Preparatoria Nacional Permanente Especializado en Delitos de Corrupción de Funcionarios, Juan Sánchez Balbuena.

García se detuvo en el descanso de la escalera que une al primer y segundo piso y, desde lo alto, escuchó cuando el fiscal lo notificaba. Consciente de que iba a ir preso, pidió un tiempo para llamar a su abogado y corrió para encerrarse con llave en su dormitorio, mientras los policías lo siguieron.

Adentro, el político que decía orondo que “quien no la debe, no la teme”, tomó un arma que le regaló la Marina de Guerra del Perú y se disparó en la cabeza. La bala le atravesó el cráneo.

“La Policía forzó la puerta y encontró a García sentado y con una herida en la cabeza”, detalló el ministro del Interior, Carlos Morán. Otros dicen que se entró por un balcón.

De inmediato, se le cubrió con una colcha y se le subió a su camioneta, en la que con su chofer se le llevó al hospital de emergencias Casimiro Ulloa.

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Ingresó a sala de operaciones a las 7:17 a.m. En gravísimo estado, García fue sometido a una intervención quirúrgica a la que se fueron sumando los mejores neurólogos del país.

Sufrió al menos tres paros cardiacos y falleció a las 10:05 a.m., a 36 días de cumplir los 70 años.

Eludió a la prisión por las presuntas coimas que Odebrecht le habría pagado mediante testaferros por la Línea 1 del Metro de Lima, según la tesis de la Fiscalía, pero no escapó de la muerte y el juicio histórico para quien huyó de la justicia.

El Gobierno declaró tres días de luto (hasta mañana viernes) y las entidades públicas colocaron sus banderas a media asta por la muerte de García, aunque la familia del expresidente rechazó las “honras fúnebres” de Estado que el presidente Martín Vizcarra ordenó.

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Por eso, tras la necropsia en el Hospital Casimiro Ulloa, no en la Morgue Central de Lima como sucede con los demás ciudadanos, el cadáver de García fue trasladado anoche a La Casa del Pueblo, la sede del APRA.

Enardecidos apristas reunidos en el Aula Magna del local de la avenida Alfonso Ugarte seleccionaron qué ofrendas florales aceptaban y rechazaron algunas, como la de Cambio 21, el partido de Kenji Fujimori, a pesar de que este envió por Twitter “condolencias” a la “familia” de García y la militancia del APRA.

Las ceremonias fúnebres serán “públicas” y el velorio que se inició anoche seguirá hasta mañana, Viernes Santo, cuando al mediodía el líder del APRA será enterrado, informó el secretario personal de Alan García, Ricardo Pinedo.