FRANCIA. Un tribunal francés autorizó este jueves al gallo Maurice a seguir cantando, al rechazar la demanda de vecinos que acusaban al ave de despertarlos demasiado temprano, una sentencia vista como una victoria de las tradiciones rurales en Francia.

«Maurice ganó y los demandantes tendrán que pagar a su propietaria 1.000 euros por daños y perjuicios», declaró Julien Papineau, abogado de la propietaria del ave, Corinne Fesseau, al salir del tribunal de Rochefort (suroeste).

Maurice se ha convertido en un símbolo de la resistencia rural en Francia, donde una petición para «salvarlo» consiguió más de 140.000 firmas.

Su cacareo al alba molestaba a los propietarios de una residencia secundaria en la turística isla de Oleron, en el suroeste de Francia, que lo acusaron ante la justicia de «perjuicio sonoro».

El caso de Maurice, aunque anecdótico, ilustra los temores de que desaparezca el mundo rural en Francia, debido al declive de la actividad agrícola y ganadera y al éxodo de los jóvenes hacia la ciudad. Bruno Dionis du Séjour, alcalde de la pequeña localidad de Gajac, en el suroeste de Francia, publicó una enardecida carta para defender el «derecho» de las campanas de las iglesias a repicar, de las vacas a mugir y de los burros a rebuznar.