BRASIL. Un millar de nativos acampados en los jardines centrales de la principal avenida de Brasilia reforzaron este jueves sus críticas al Gobierno del presidente Jair Bolsonaro, frente al que han decidido mantener una «resistencia pacífica».

Los indígenas se han instalado en la céntrica Explanada de los Ministerios, tal como hacen una vez al año desde 2004, pero esta es la primera edición del Campamento Tierra Libre bajo el Gobierno de Jair Bolsonaro, considerado una «amenaza» por los líderes del movimiento.

Una de las principales exigencias de los pueblos originarios es la «recuperación» de la Fundación Nacional del Indio (Funai), una institución que funcionaba en la órbita del Ministerio de Justicia y fue trasladada al nuevo despacho de la Familia, la Mujer y los Derechos Humanos, a cargo de la pastora evangelista Damares Alves.

También consideran «muy grave» que la Funai haya dejado de tener la responsabilidad sobre la demarcación de nuevas tierras indígenas, que ha pasado a manos del Ministerio de Agricultura, cuya titular, Tereza Cristina Correa, mantiene estrechos vínculos con los grandes empresarios del campo.

En Brasil, según datos oficiales, existen cerca de 600 reservas indígenas que están habitadas por unos 480.000 miembros de 227 etnias y ocupan 110 millones de hectáreas, que son equivalentes al 13 por ciento del territorio nacional. Muchas de esas reservas, sin embargo, son fruto de recurrentes conflictos entre los indígenas y grandes hacendados, que pretenden avanzar sobre esas tierras con fines productivos.